Now the only thing that gives me hope/ Is my love of a certain dope

viernes, 10 de septiembre de 2010

Mariel

-Tengo tantas cosas que decir…
-Pues dímelas.
-No. A ti no, tú no sabes nada de nada. Tú nunca has besado a nadie, ni hecho el amor, ni tomado un poco del vinito que te da tu abuelito los domingos después de cenar, ni inhalado y golpeado el humo de los carros.

A veces realmente sentía que la amaba, y otras veces con gusto le arrancaría los cabellos uno por uno. Me parecía increíble que algunos me confundan con ella, pero a veces también lo entendía, después de todo yo era su sombra. Yo sólo miraba, pero lo era.

A veces también me sentía su ángel ¿no?, y sentía que me debía miles de cosas. Cómo cuando le presté mi casa para que haga cositas con su enamoradito de turno, el mismo huevón que seguro la tenía dando vueltas y diciéndome lo poca cosa que era. No me sorprende, era cosa de siempre, y la hacía sentir mejor. Mucha gente me vio saliendo con el tipo de mi casa, fue horrible.

Al menos ya había pasado lo peor para mí, la gente estaba ocupada en otras cosas. Estaba de moda hablar de la muerte del niño que vivía al lado de mi casa, había sido trágica pero nunca supe muy bien la historia. Yo como siempre andaba ocupada en mi propia niña, y a ella le encantaba. Sentía que había nacido conmigo, simplemente no podía… ni puedo… recordar de dónde apareció, de dónde la conocí. Sólo era.

-Entonces qué.
-Nada, no lo entenderías…

Seguía dando vueltas en mi cuarto, yo sólo me limitaba a tener el culo bien pegado a la silla en dónde me había sentado ella misma, poniendo sus manos sobre mis hombros y haciendo presión hacia abajo. Tenía el pelo bien amarrado y, de pronto, se lo soltó rápidamente. Al girar su cabeza me dio un latigazo en la cara.

-Me llega que no me sirvas para nada. No sabes nada de nada. No me puedes aconsejar, no me puedes decir que hacer. Él me ha dejado ¿sabes?, pero no me puedes ayudar, ni comprender siquiera porque jamás tendrás esto que yo he tenido. Nadie me comprende, ¿no lo ves? ¡Qué cómoda tu vida, siendo descuidada con todo y no haciendo nada más que estar siguiéndome como obsesionada! A ver, dime algo, a ver si has aprendido algo de lo que te digo siempre, de lo que te explico…

Lo siguiente que recuerdo fue ese dolor de pies que jamás olvidaré. Recuerdo ampollas en mis talones, dolorosas, que me hice por culpa de las zapatillas baratas que traía cuando me paré como poseída, dejándola con la palabra en la boca. Pero no importaba, no sentía nada ni podía pensar en otra cosa que en caminar. Recuerdo que al darme cuenta de esto paré, miré a mí alrededor y di media vuelta.

Y ese fue el último día que le vi la cara a Mariel.

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